Exodar.
Le parecía un día como otro cualquiera. Roma estaba en una de las cantinas de la nave Exodar, pasando unos días de relax y descanso con los suyos. Le encantaba esa nave, por todo lo que había vivido, amor, ira, alegrías, rabia, tristeza, esperanza… siempre que iba a ella desde que llegaron al planeta se sentía como en casa.
En ese lugar todo era unos días de autentico descanso, el lugar idóneo para olvidarse de las guerras de este mundo, las batallas sin fin, o las ayudas a veces absurdas que les pedían sus compañeros Alis.
Siempre entraba en la misma cantina, y pedía su plato favorito, disfrutándolo con cuidado y saboreando cada cucharada que se metía en la boca. Pero algo en todo este cuadro fallaba hoy. Algo mantenía un ambiente enturbiado, lleno de temor, ira y odio.
Roma intentaba no prestarle mucha atención, pues lo único que pensaba era que todo estaba relacionado con algún consejero decidido a hacerse con el poder. Escuchaba conversaciones con susurros algo ininteligibles para ella, y aun que parecían interesantes dejaba pasar la oportunidad de escuchar algún nuevo marujeo, ya que delante de ella tenía un plato sabroso que pensaba saborear sin que nadie le interrumpiese .
Mientras comía observo que dos draeneis entraban en la cantina, y se situaban en la mesa justo detrás de ella. Ambos pidieron algo de beber y de picar, y por el momento parecían no tener muchas ganas de hablar. Roma identificó sus rangos, gracias a sus prendas de vestir. Sin lugar a dudas eran de los altos cargos, muy allegados a los consejeros de la nave, sus rostros, aparecían algo pálidos a la tenue luz que ambientaba la cantina. Tras recibir sus encargos, ambos se situaron en sus sillas y con los codos plantados en la mesa mirándose fijamente comenzaron una conversación casi en un susurro que no llegaba mucho mas allá de su mesa. Roma les miraba extrañada, puesto que normalmente esta gente con tal rango, no solían pasar desapercibidos, les encantaba pavonearse por la cantina para ver si así luciendo uniforme se llevaban alguna camarera a su camarote, para digamos pasar un buen rato.
Por su comportamiento, y su forma de hablar, Roma empezó a notar como el ambiente que dominaba en la nave le empezaba a llenar de inquietud. Con su plato ya medio vacío, intento meterse en algún que otro susurro, y al ver que no conseguía escuchar mucho mas allá que alguna frase sin coherencia, en las lejanías de su mesa, no tuvo más remedio que utilizar toda su agudeza auditiva, para centrarse en la conversación de los dos que estaban a su espalda.
Se concentró todo lo que pudo, y poco a poco fue escuchando alguna que otra frase, o palabra. Parecía estar hablando en clave, y eso a ella le daba mucha rabia, pues solo los altos cargos podían hablar en un draeneico antiguo, que solo ellos entendían a la perfección. Aunque había estudiado su lengua antigua, ya hacía mucho tiempo que no la usaba, y por lo tanto la tenia casi obsoleta en su memoria. Intentó poner más énfasis en su escucha y pudo entender varias palabras.
“Misión……..mensajero………reposo……..Taroc”
En el momento que escucho el nombre de su hermano, le empezó a intrigar más la conversación, poco a poco fue posando su espalda en el respaldo de la silla, y perfeccionando cada vez más su potencial auditivo. Cada momento sentía que la conversación se llenaba más de ira, rabia, odio y temor, cada momento que pasaban ellos empezaban a estar alterados y fue entonces cuando escucho esa palabra. La palabra que puede llegar hasta el corazón de un draenei y congelarlo, congelando así su corazón y cubrir su cuerpo de todas esas sensaciones que ambos draeneis dejaban ver en su charla.
Pero Roma ya no estaba pendiente de ellos, aquel nombre le rebotaba por la cabeza, le palpitaba en los oídos, le helaba la sangre… .Una mano se poso en su hombro, y de un salto se puso de pie. Giró, y vio una cara familiar. Dakhara, entro en la taberna y la vio sentada al fondo en su sitio favorito.
“Te estaba buscando hermana” le dijo con voz tranquila.
“Hey!! ¿Cómo tu por aquí?”
Dakhara sintió el nerviosismo en su hermana, que parecía muy alterada y temblorosa. No hizo falta preguntarle porque, lo intuía como intuía todo el nerviosismo y silencio en la nave.
“Por lo que se ve ya lo sabes Roma” dijo a su hermana, con un gesto la invito a sentarse de nuevo en su sitio. Ambas se sentaron en la mesa, una frente a la otra.
Dakhara pidió algo de beber y comer, la camarera, rauda y veloz, le llevo el encargo que pidió. Una vez preparada miró a su hermana y decidida empezó a relatarle todo lo que ella sabía:
“Creo que sabes algo, pero lo mejor que puedo hacer ese contártelo yo misma. Hace tres noches, Taroc y yo estábamos en el reposo del dragón ayudando con su defensa, ya que los dragones azules habían intensificado su ataque. Después de un duro día de batalla, nos tocó hacer guardia por los alrededores. Todo parecía tranquilo, a pesar del día que habíamos tenido, nos estaban dando un merecido descanso.
La noche era bastante oscura, y a lo lejos escuchamos ruidos de una batalla no muy lejana. De repente, salió de la nada un Trol mal herido y casi muerto. Nuestro hermano se acerco para socorrerle, pero su ayuda fue en vano, antes de morir el trol le entrego una carta y un paquete que estaban a nuestros nombres. Ese mensaje venia de Jolinar.
En la carta decía lo siguiente:
Cuatro noches atrás de la escritura de la carta, Jolinar estaba en Gadgetzan, en una misión diplomática de la horda. Era una noche calmada, y alegre. De repente una bola de fuego ilumino el cielo, y tras un largo paso por encima de la pequeña ciudad, esta se estrelló en la zona de los piratas. Los emisarios de la horda y los goblins, quedaron impactados por aquello, asique decidieron investigar. Enviaron un grupo de reconocimiento, y aunque nuestra amiga elfa, no estaba en aquel grupo, sabemos lo cotilla que es, y tomo la decisión de seguirles. Se quedo algo rezagada para que no la viesen.
El grupo de expedición paso por la cueva que llevaba a la playa pirata. Jolinar espero un poco para dejarles adentrarse y así poder ella hacer lo mismo sin ser vista. Varios minutos después entro, paso la cueva, y al salir de ella se encontró con algo atroz e impactante para la gente de aquí. ¿Recuerdas el mundo de Troners?”
Roma al escuchar ese nombre palideció por completo. Su respuesta no se hizo esperar, con un “Si” lleno de terror. Su hermana estaba dando los últimos toques a su plato ya vacio, y acto seguido se recostó en la silla y reanudo su relato.
“Pues eso es lo que se encontró Jolinar, cuerpos brutalmente asesinados, desmembrados o devorados. Se dio la vuelta corrió todo lo que pudo, se subió a su montura y puso rumbo a Orgrimmar, escribiendo la carta y entregando lo que encontró allí.”
“¿Qué fue lo que nos envió?” Aunque sabia la respuesta gracias a la descripción y el ejemplo que Dakhara le puso, tenía que escuchar de su boca la respuesta. Su hermana se mantuvo en silencio, sopesó la situación y como decirlo sin producir un gran impacto no solo en Roma sino en el resto que se les unió a la conversación.
“Creo que todos lo sabéis pero no hay manera alguna de decirlo suavemente así que, sí, es cierto. Lo que Jolinar nos envió no fue solo un informe escrito, también nos envió la prueba de que ellos están aquí, y ya han empezado a dejar su sello. Los Dartonians han llegado a este planeta”.
El silencio se adueñó de la cantina, no se oían susurros, ni siquiera un alma se atrevía a respirar. Los temores se habían hecho realidad, la guerra más sangrienta no había hecho más que empezar.









Me encontraba en la taberna, comiendo un poco y charlando con los lugareños de la fortaleza, en un calorcito ya olvidado, y con el recuerdo de mis misiones de reconocimiento en la Exodar, cuando en el preciso momento de mi empane monumental, aparece el erudito, asfixiado y sediento. Venía cargado de noticias, pero todo eran suposiciones, así pues me comentó que la única manera de indagar más en la historia era llegar al fondo del asunto. Yo por mi parte no le veía fondo, y por más que intentaba ocultarlo, el se dió cuenta.
Decidí que la mejor manera de entrar, era por la noche, con la guardia baja y la opción más que probable de entrar y salir sin ser visto. Y así fue como lo hice, al anochecer me zambullí en el agua fría para llegar al acantilado, descubrí unos caminos que me ayudaron fácilmente a llegar a la cima, y escruté en la oscuridad de la noche la opción más probable para llegar a la hoguera sin ser visto. Me deslicé por el suelo cual reptil y al llegar a la hoguera decidí probar la opción que me dió mi compatriota chamán, agarré un puñado de esas hierbas y me las metí en boca. Sabían a rayos, además de estar secas, deslicé mi mano hasta la mochila y agarré una cervecita que tenía por ahí y de un trago me la pimplé. No se si fue por la mezcla o por el sabor tan agrio de aquellas platitas, que caí como un bebé. No pasó mucho desde aquel coma inducido, cuando desperté, la noche se volvía día, y la neblina grisácea me envolvió de nuevo.
Muchos creen que los enanos, nacen de las rocas, otros que provienen del barro, algunos incluso se llega a creer que salen de la nada, pues ¿Cuántos niños enanos habéis visto?.
Lo primero que me pidió es que recuperara una bolsa que se encontraba en un barco hundido cerca del puerto. Raudo y veloz como el viento, me zambullí en las aguas heladas, buceé hasta el barco y rescaté la susodicha bolsa. Al entregarsela, aquí el colega me dijo que eran unas hierbas que te inducían un estado de meditación bastante alto, con lo que así conseguiría llegar al mundo de los espíritus, pero para ello tendría que adentrarme en el poblado Vyrkul, en medio de las líneas enemigas.
Así pues me acerqué sigilosamente sin que ninguno de mis enemigos me viera, encendí el “cigarro” y empecé a fumar. No se cuantas caladas le di pero cuando desperté, me vi rodeado de ángeles y de una neblina extraña. Pensé (este tío me ha engañado, y lo que me ha dado es una mierda que me ha matado). Y fue cuando lo vi, ahí estaba, el mal en su estado puro 










