Author: Aridiel
• Miércoles, Mayo 06th, 2009

¡Buenos días-tardes!

Me alegra decir que Taroc ha regresado al Wow después de un tiempito por esos mundos no virtuales y con el, vuelven nuevamente sus crónicas con un punto de vista un tanto diferente.

¡Espero que os gusten!.

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Han pasado 8 años desde que los Altos elfos renegados nos declaráramos como una nueva raza denominada Elfos de sangre.

Desde entonces, he pertenecido a la raza noble y facción de la horda, sin miramientos, sin mirar atrás, sin arrepentimientos.

Nunca quise una guerra contra la alianza, pues tengo amigos en ella, y es por esto que escribo este informe, cual importante y primordial es su entrega a mis amigos. Aunque secreto ha de ser, este informe ha de llegar en su totalidad, y sin un rasguño a alguno de los aquí citados: Taroc, Roma o Dakhara.

Por favor entrega este informe, pues no solo mi vida sino la de todos está en peligro.

Firma Jolinar”

El mensajero guardo la carta tras leer minuciosamente la nota, pensativo y confundido tras leerla, estudio todas las posibles zonas neutrales a las que podría ir sin peligro de encontrarse en una situación incómoda, con varios alis intentado matarle.

Así que sin más dilación, cogió su Raptor y se fijo como destino la gran ciudad de Dalaran.

Durante su viaje, no pudo quitarse de la cabeza semejantes palabras escritas en la nota, ¿que contendría aquella carta?, ¿y el paquete?, ¿Qué es tan apremiante, para que un horda tenga que pedirle ayuda a un Ali?.

Durante la travesía por Tundra Boreal y Colinas Pardas, el mensajero Troll, no paró de dar vueltas sin cesar. Porque pasara lo que pasara, él era el mensajero, y debía cumplir con su deber, entregar carta y paquete sanos y a salvo, y aun que su curiosidad era incesante, decidió que lo mejor para el cliente era que el no supiese nada, aunque siempre le quedaba la opción de preguntar a quien se le entrega, que asuntos conciernen en dichos escritos.

De repente su raptor paró en seco, en algún lugar del Cementerio de Dragones. El, sabio como siempre, entendió el por qué de esa parada tan brusca, estaban exhaustos, cansados y algo doloridos por tanto ajetreo. Ambos sabían que el mensaje era de índole importante, pero una paradita no estaría mal, ya que tras dos largos días de viaje desde que salieran de Orgrimmar, les tenía bastante agotados.

La noche era cerrada, y ya no se escuchaba ni un alma, “hasta mis enemigos duermen”, pensó, “¿por qué no hacerlo nosotros?”. Encendió un fuego para calentar a ambos en la noche fría, se tendió apoyando su cabeza en el costado de su raptor y decidido cerro los ojos para echar una pequeña cabezadita.

De repente, algo le despertó. Sentía un dolor inmenso en su costado, algo le estaba desgarrando desde fuera hasta dentro de sus mismas entrañas. Abrió los ojos, y observo como unos ojos brillantes se cruzaban en su mirada, una sonrisa endiablada que dejaban ver claramente unos colmillos puntiagudos y afilados se fijaban claramente en el. Recalo sus ojos en su raptor, pidiendo ayuda para que este se levantara y defendiera a su compañero, pero cuál fue su sorpresa que el raptor yacía degollado y sin vida junto a su amo.

Estaba aterrado, no sabía qué hacer o donde mirar, ya que pusiera donde pusiera la vista, solo veía esos ojos y esas sonrisas de horror.

Sabía que tenía que levantarse, sabía que tenía que salir de allí corriendo, pensó y lo meditó, y el único destino cercano, era el reposo. ¿Sería capaz de llegar hasta él?, ¿Podría correr en su estado?

De repente, el hombre que le estaba clavando el objeto afilado, le susurro al oído: “¿Donde está el paquete?, dime donde esta, o te devoramos aquí mismo”. Su voz era ronca y tenebrosa, era más odiosa y temible que la voz del mismísimo Arthas.

¿Quiénes eran?, y ¿por qué esa carta, ese paquete?. Viéndose muerto ya, sacó fuerzas de flaqueza, y con su último atisbo de fuerza, invocó la tormenta de rayos. Tal golpe propició que mandó a todos los de su alrededor por los aires, cayendo en el suelo, y dejándoles aturdidos por unos instantes. Se dijo así mismo “corre…. Corre…. ahora o nunca, correeee”.

Se levanto, como pudo, agarrándose el costado donde se ubicaba la herida, y con paso débil, y poco firme echó  correr por la fría nieve, dejando un reguero de sangre tras de sí. Su enemigos no estarían mucho tiempo aturdidos, y él lo sabía, tenía que conseguirlo, tenía que llegar al Reposo del Dragón. Corrió y corrió sin cesar, intentando no mirar atrás, pero el aliento de sus cazadores estaba cada vez más cerca, el lo sentía, lo olía, seguía corriendo pero sus fuerzas flaqueaban, sentía que no podía más, ya le tenían, “será mi fin”.

Cuando uno de sus enemigos le quería asestar el golpe final, algo se interpuso. Un rugido enorme llenó la calma de la noche de miedo y caos, sus enemigos se batían con algo que él no veía, gritaban y  luchaban. “De nuevo una oportunidad”, se sanó lo que pudo, con su magia, lo suficiente para poder seguir adelante, lo más rápido posible.

No miro atrás, corría y corría, mientras se alejaba de la batalla, y a la vez veía las luces de un bastión amigo. “Lo conseguí” se dijo.

Llegó a las escaleras, mal herido, y casi sin sangre, sabiendo que aun con su esfuerzo no lograría su objetivo. Unos pasos se acercaban a el, y entonces lo supo, “es mi fin, no puedo más, no cumpliré mi misión”. Aquel que se acercaba llegó donde estaba, se agachó y le miró, su mirada se clavó en la suya, y se vio en los brazos de un Draenei, que le miraba con cara de preocupación. Se sintió seguro, aun sabiendo que eran enemigos.

Sus ojos poco a poco se cerraban, su aliento cada vez era más escaso, no tenía tiempo. Decidido metió su mano en la mochila, y saco tanto la carta como el paquete, y en un susurro muy débil dijo.

“Taro….Roma….Dak….”.

El draenei, vio como los ojos del troll, su enemigo, se cerraban, como esa mirada que le clavó de terror se borraba en la paz de una muerte horrenda, y sucia para un guerrero como el.

“¿Qué le ocurrió?” pensó. El draenei observo el paquete que le dio.

“Esta a mi nombre” dijo, “¿Cómo un horda tiene un paquete a mi nombre?”

Abrió el paquete, cogió la carta y empezó a leerlo.  Sus ojos se clavaron en la letra. Según avanzaba en la lectura, su mirada se transformaba en confusión, ira, miedo……….horror. Según seguía y seguía, los sentimientos se agolpaban los miedos ya olvidados renacían, y su temor crecía. Abrió el paquete, donde encontró una caja, tras quitar la tapa, metió la mano, y sacó lo que ello contenía en su interior, con la mano abierta lo examino, sintiendo todo el pánico y el horror de siglos atrás.

Se volvió, miro a su hermana y le dijo:

“Ya están aquí”

Category: Las Crónicas de Taroc  | Tags: ,
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No Responses
  1. Taroc dice:

    Hola a todos los que leeis x aqui :P

    Simplemente decios que sera una historia, la cual intentare sea paralela a nuestras avnturas del wow, y si esta vez la continuar :P

    Espero que os guste y la disfruteis.

    Un saludo a todos :)

  2. Sigfreid dice:

    Me gusta mucho o.o!

    A ver si le cojo yo el puntillo a esto de la gramática y literatura, que son asignaturas pendientes en mis relatos xD

    ¡Saludetes!

  3. Aridiel dice:

    ¡Dame una T!, ¡¡dame una A!! emmm.. mmm… ¡¡dame todo lo demás!! ¡¡TAROC!! ueee xDDDDDDDDD (me aburro y tengo hambre -.-)

  4. WindJockey dice:

    ¡Corre, hay que llegar al cementerio a tiempo para campear al mensajero trol! xDD
    Está muy bien, pero… ¿por qué los siervos de Arthas no han tirado de la “mano loca” de DK para alcanzarle antes? xD

  5. Taroc dice:

    Ains q ansiso Wind jejejeje, no son dk´s, ire enviandole historias a Ari, cada semana asi en plan capitulo de series :P

    Eso si, os recomiendo q leais las historias de Dakhara y Taroc por si las moscas mas adelante os veis algo perdidos, en lls cuento alguna cosilla :P

    Espero q lo disfruteis :)))

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