Los días son bastante aburridos en Dalaran… piensa Xie mientras, sentada frente a la estatua del Archimago Antonidas, juguetea distraidamente con una brizna de hierba. Muuuuy aburridos de echo. Aún rememora la “trágica” incursión que realizó junto a unos aventureros a la lejana Fortaleza de Utgarde, dos brujos que no perdían la oportunidad de auto inmolarse cada dos por tres o aquel tanque no muerto que necesitaba parar una y otra vez a recolocar el hueso que tenía por brazo ya que a cada golpe terminaba con hueso y escudo en el suelo… dios, necesito nuevos retos pensaba entre suspiros.
Sumida en sus pensamientos no reparó en el revuelo que se estaba formando frente a la entrada del banco central de Dalaran, muchos heroes hacian coro frente a un imponente tauren de armadura oscura y peligrosas espadas que se afanaba en colocar un cartel, el cual provocaba pequeños gritos de asombro y neriosismo.
Cuando el revuelo montado se hizo más que evidente y llamó la atención de Xie, esta decidió que aunque se solía decir que la curiosidad mató al gato… ni ella era un gato ni la curiosidad sana podía llegar a ser peligrosa así que sacudiendose la falda, se puso en pie de un salto y se dirigío hacia el gentío. ¡Cuanto se equivocaría!.
Intentó abrirse paso entre la multitud de campeones ataviados con rarísimas vestimentas epicas hasta situarse lo más cerca posible del cartel. Entonces leyó.
Hago un llamamiento a todo aquel valiente que desee esta noche, enfrentarse a la ira de Kil’ Jaeder en la lejana Meseta de la Fuente del Sol. Traed vuestras mejores armas y armaduras. Nos reuniremos en la plaza central de Dalaran cuando caiga el último rayo de sol sobre las altas agujas de las torres. Sólo admitiré a bravos heroes cuya experiencia sea demostrable ya que nos enfrentamos a un peligro jamás conocido hasta hoy.
Después de leer el cartel, Xie se miró los ropajes, mal asunto pensó, mientras sopesaba su vestido de limitado poder y la maza desgastada por los multiples combates. Poco de heroe veo aquí suspiró, pero si no lo intento… puede que me quede con la duda por siempre, así que haciendo acopia de toda la confianza que pudo reunir en tales circunstancias se acercó al tauren que ultimaba preparativos junto a un druida y un mago y carraspeando intentó llamar su atención.
-Quiero formar parte de esta expedición – dijo señalando el cartel e intentando templar la voz.
El tauren se la quedó mirando largo rato y tras un movimiento negativo de la cabeza dijo antes de volverse hacia sus compañeros.
-No sobrevivirás.
-¡Quiero formar parte de esa expedición! – dijo Xie esta vez con voz más segura – soy buena sanadora y se que puedo ayudar bastante.
Sin volverse hacia ella, pero habiendo oido por segunda vez la misma petición, el tauren comentó algo a sus colegas y estos se encogieron de hombros, una vez más se volvió hacia la sacerdotisa y señalándola le dijo.
-Está bien, vendrás pues necesitamos sanadores… pero no seré yo quien se sienta culpable de tu muerte. Porque morirás.
Dicho esto y tras un desagradable escalofrio, Xie fue a ultimar los preparativos antes de partir, quizás encontrase algo interesante en la subasta de Orgrimmar, aunque ahora que había conseguido un hueco entre tantos heroes no estaba tan segura de querer… morir tan joven. Pero ya no podía dar marcha atrás.
Cuando ya se extinguía el último rayo de sol y los tenderos de Dalaran empezaban a cerrar sus comercios, muchos heroes y valientes esperaban ya impacientes en la plaza centrar. Algunos pícaros para paliar el nerviosismo se dedicaban a duelar a todo aquel que se pusiese a su alcance, mientras los druidas sopesaban a cada participante y les entregaban frascos y elixires para maximizar sus poderes. Por su lado e intentando canalizar parte de su poder, un reducido grupo de magos empezaban los rituales de apertura de portales hacia Shattrath.
Mientras tanto y ajena a todo esto, Xie sentada en una esquina echaba un ojo a su pequeña bolsa de viaje, varias pociones de mana y algún elixir fue todo lo que pudo reunir en tan poco tiempo. Espero salir de esta con vida, pensó mientras aplicaba un poco de aceite de zahorí a su maza.
-Veo que has venido, aún conociendo tus limitaciones – dijo una voz grave tras ella.
Con un sobresalto, Xie se puso en pie justo para ver pasar al tauren, lider de tal evento y a sus dos amigos antes de internarse en uno de los portales que ya estaban abiertos. ¿Era de admiración esa breve mirada que le había dedicado?. Sacudiendo la cabeza y echando un último vistazo a su alrededor, corrió a entrar en uno de los pocos portales que aún seguía en marcha poniendo rumbo a la lejana Meseta de La Fuente del Sol.
Que manía la mía de dejar los relatos a medias xD, pero es que si no se me hace eterno -__- a ver si lo continuo en otro momento que saqué un montón de fotos >__<. Decir que nunca había ido (solo me paseé una vez por ahí en el PTR) y la experiencia ha estado muy bien, sobre todo con el último y la historia que viene después :___( que penita. A todo el que pueda ir ¡la recomiendo! :P.












Me encontraba en la taberna, comiendo un poco y charlando con los lugareños de la fortaleza, en un calorcito ya olvidado, y con el recuerdo de mis misiones de reconocimiento en la Exodar, cuando en el preciso momento de mi empane monumental, aparece el erudito, asfixiado y sediento. Venía cargado de noticias, pero todo eran suposiciones, así pues me comentó que la única manera de indagar más en la historia era llegar al fondo del asunto. Yo por mi parte no le veía fondo, y por más que intentaba ocultarlo, el se dió cuenta.
Decidí que la mejor manera de entrar, era por la noche, con la guardia baja y la opción más que probable de entrar y salir sin ser visto. Y así fue como lo hice, al anochecer me zambullí en el agua fría para llegar al acantilado, descubrí unos caminos que me ayudaron fácilmente a llegar a la cima, y escruté en la oscuridad de la noche la opción más probable para llegar a la hoguera sin ser visto. Me deslicé por el suelo cual reptil y al llegar a la hoguera decidí probar la opción que me dió mi compatriota chamán, agarré un puñado de esas hierbas y me las metí en boca. Sabían a rayos, además de estar secas, deslicé mi mano hasta la mochila y agarré una cervecita que tenía por ahí y de un trago me la pimplé. No se si fue por la mezcla o por el sabor tan agrio de aquellas platitas, que caí como un bebé. No pasó mucho desde aquel coma inducido, cuando desperté, la noche se volvía día, y la neblina grisácea me envolvió de nuevo.
Muchos creen que los enanos, nacen de las rocas, otros que provienen del barro, algunos incluso se llega a creer que salen de la nada, pues ¿Cuántos niños enanos habéis visto?.
Lo primero que me pidió es que recuperara una bolsa que se encontraba en un barco hundido cerca del puerto. Raudo y veloz como el viento, me zambullí en las aguas heladas, buceé hasta el barco y rescaté la susodicha bolsa. Al entregarsela, aquí el colega me dijo que eran unas hierbas que te inducían un estado de meditación bastante alto, con lo que así conseguiría llegar al mundo de los espíritus, pero para ello tendría que adentrarme en el poblado Vyrkul, en medio de las líneas enemigas.
Así pues me acerqué sigilosamente sin que ninguno de mis enemigos me viera, encendí el “cigarro” y empecé a fumar. No se cuantas caladas le di pero cuando desperté, me vi rodeado de ángeles y de una neblina extraña. Pensé (este tío me ha engañado, y lo que me ha dado es una mierda que me ha matado). Y fue cuando lo vi, ahí estaba, el mal en su estado puro 













