Tenemos segunda parte, recién salida del horno, Taroc nos deleita una vez más con un relato lleno de misterio, intrigas y… yerbas “sagradas” cof cof… ¡espero que os guste! :_P.

Han pasado ya varios días, desde mi visita al mundo de los espíritus. Durante este tiempo, el chamán que me encomendó la tarea, ha estado investigando y averiguando, que significaba todo lo que yo le conté. La verdad es que cuando se lo dije todo, se quedó un poco perturbado por la noticia, pero aun así no desistió. Yo aun sigo con una resaca del demonio, las hierbas esas son bastante buenas si quieres tener un bombo por cabeza claro.
Durante todo este tiempo me centré en ayudar a la Fortaleza de Valgarde con los Virkul, una guerra que cada vez se cobraba más victimas, tanto nuestras como suyas. Pero algo me inquietaba la mente, algo me decía que lo que vi aquel día era solo el principio de una larga historia que tendría sus altos y bajos, (aunque si el bajo es este dolor de melón, mejor no quiero saber como son los altos, o si?…).
Me encontraba en la taberna, comiendo un poco y charlando con los lugareños de la fortaleza, en un calorcito ya olvidado, y con el recuerdo de mis misiones de reconocimiento en la Exodar, cuando en el preciso momento de mi empane monumental, aparece el erudito, asfixiado y sediento. Venía cargado de noticias, pero todo eran suposiciones, así pues me comentó que la única manera de indagar más en la historia era llegar al fondo del asunto. Yo por mi parte no le veía fondo, y por más que intentaba ocultarlo, el se dió cuenta.
Mientras hablaba, yo intentaba recordar una de mis misiones, pero supongo que se notaba mi intento por evadir el tema, aunque estaba muy interesado, no quería volver a tener ese dolor de perola durante otros tantos días. Fue entonces cuando le escuche decirme dos cosas:
La primera es que para descubrir el siguiente fragmento de nuestra historia, debía aventurarme el poblado situado justo enfrente de Valgarde, y ahí repetir la acción que me llevó al encuentro con Arthas, y escuchar la conversación.
Y la segunda, fue el consejo de que en vez de fumar hierba que más bien la masticara, pues me impediría tener ese terrible dolor de cabeza. (Estos jóvenes solo pensáis en las antiguas batallas y no en las que nos vienen).
Así pues después de la noticia recogí mi nuevo “paquete” de hierbas y puse rumbo al campamento Vyrkul, situado en el acantilado.
Decidí que la mejor manera de entrar, era por la noche, con la guardia baja y la opción más que probable de entrar y salir sin ser visto. Y así fue como lo hice, al anochecer me zambullí en el agua fría para llegar al acantilado, descubrí unos caminos que me ayudaron fácilmente a llegar a la cima, y escruté en la oscuridad de la noche la opción más probable para llegar a la hoguera sin ser visto. Me deslicé por el suelo cual reptil y al llegar a la hoguera decidí probar la opción que me dió mi compatriota chamán, agarré un puñado de esas hierbas y me las metí en boca. Sabían a rayos, además de estar secas, deslicé mi mano hasta la mochila y agarré una cervecita que tenía por ahí y de un trago me la pimplé. No se si fue por la mezcla o por el sabor tan agrio de aquellas platitas, que caí como un bebé. No pasó mucho desde aquel coma inducido, cuando desperté, la noche se volvía día, y la neblina grisácea me envolvió de nuevo.
Miré hacia todos lados y justo al otro lado del poblado, lo vi. Se congregaban todos los Vyrkuls, alrededor de su rey, esperando sus palabras. Intuitivamente me acerqué y escuché lo que aquel rey con una cara que ocultaba su miedo dijo:
“Los Titanes, a los que servimos nos han abandonado, todas las costumbres y sacrificios en su nombre no sirvieron de nada. ¡Nos han maldecido, hermanos!, nos han maldecido con aberraciones por hijos, no levantan ni dos palmos del suelo, son débiles, feos y una deshonra para nuestra raza. A partir de hoy hermanos, los Titanes ya no serán nuestros dioses, no los serviremos más, hoy los Vyrkuls solo servirán a los suyos. Se acabaron los sacrificios, todas las costumbres serán eliminadas y mataremos a toda aquella aberración que nos hace débiles, que nos deshonra como raza. Y aquellos que se interpongan, aquellos Vyrkuls que osen ocultarlos, correrán la misma suerte que sus hijos. ¡Yo el Rey he hablado!”.
¿Era verdad entonces?, ¿era cierto lo que el chamán me dijo en la posada?, ¿Cómo es posible que de una raza de dos metros y pico de altura, saliesen los… Enanos?.



Muchos creen que los enanos, nacen de las rocas, otros que provienen del barro, algunos incluso se llega a creer que salen de la nada, pues ¿Cuántos niños enanos habéis visto?.
Lo primero que me pidió es que recuperara una bolsa que se encontraba en un barco hundido cerca del puerto. Raudo y veloz como el viento, me zambullí en las aguas heladas, buceé hasta el barco y rescaté la susodicha bolsa. Al entregarsela, aquí el colega me dijo que eran unas hierbas que te inducían un estado de meditación bastante alto, con lo que así conseguiría llegar al mundo de los espíritus, pero para ello tendría que adentrarme en el poblado Vyrkul, en medio de las líneas enemigas.
Así pues me acerqué sigilosamente sin que ninguno de mis enemigos me viera, encendí el “cigarro” y empecé a fumar. No se cuantas caladas le di pero cuando desperté, me vi rodeado de ángeles y de una neblina extraña. Pensé (este tío me ha engañado, y lo que me ha dado es una mierda que me ha matado). Y fue cuando lo vi, ahí estaba, el mal en su estado puro 